LA MALDICION DEL DESORDEN

Los armarios y los garajes no son los únicos que necesitan una buena limpieza, ni tampoco son los más importantes.

En las sociedades ricas es común el materialismo, y las personas invierten muchas energías acumulando cosas que no pueden disfrutar por falta de tiempo. Entonces la limpieza profunda se convierte en una actividad repetitiva para quienes no son organizados. Así como los libros de dietas y ejercicios vuelan de los estantes de las librerías en los países donde la obesidad es una epidemia, un montón de libros prometen ayudar a la gente a organizarse y a eliminar de sus vidas las cosas que les abruman. Sin embargo, ni un estricto régimen de desintoxicación ni una buena limpieza de la casa llegarán al corazón de lo que le causa estrés a tantas personas. A lo que se reduce todo esto es a la necesidad de hacerse una limpieza espiritual —no una vez al año, sino cada día.

El estrés y la insatisfacción apuntan a la necesidad de una limpieza espiritual cada día de nuestra vida.

Lea Josué 24.14, 152 Timoteo 2.20-261 Juan 1.5-10

Antes de abrir su Biblia, pídale al Espíritu Santo que le indique lo que quiere que usted aprenda de estos pasajes. Léalos y anote sus primeras impresiones: ¿Qué preguntas tiene? ¿Hay algo confuso? ¿Qué versículos hablan a su situación actual?

La acumulación y el desorden pueden hacernos perder tiempo y dinero, y al mismo tiempo crear tensión innecesaria. Además, da la imagen —falsa o verdadera— de una persona materialista, confundida o desorganizada. Las consecuencias del desorden espiritual son mucho peores. Cuando usted no le hace frente a este desorden, las preocupaciones, los pecados, o los resentimientos y las amarguras que hay en su corazón pueden:

  • Silenciar la voz de Dios.
  • Robarle la alegría.
  • Dañar su testimonio.
  • Atrofiar su crecimiento espiritual.
  • Destruir sus relaciones.